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Con las manos unidas
pero el corazón doliente
sentimos la impotencia
de querer ayudar al sufriente.
Arrastramos pruritos
que nos dejan impotentes
y acortamos las manos
de manera cruel e indolente.
Se mueren los niños
con padres ausentes
se abandonan ancianos
porque ya no se sostienen.
Y quedamos nosotros
con las manos calientes
vitales, necesarias, pero
sin signos de caridad aparente.
A veces me pregunto
¿ que pasa por mi mente
cuando veo cruzarse
a mis manos indiferentes?
¡ Que sabio fue mi Dios!
y de que manera inteligente
me muestra que con dos manos
puedo abrazar fuertemente.
Toma OH Dios mis manos
te las doy voluntariamente
haz con ellas lo que quieras
están sin uso… pero están calientes.
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