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Tenía mi abuelo las manos rudas
pero eran suaves al acariciar
ojos azules y transparentes
como las aguas del mar.
Una sonrisa que cautivaba
ya que no se le borraba jamás
era un gallego lleno de ternura
alto, elegante, y lo llamaban Juan.
Era mi querido abuelo materno
siempre me hablaba de su España natal
recordab una y otra vez, que trabajó en las minas
y al contarme, su mente se echaba a volar.
Dejó a sus padres, pensando
algún día poder regresar
pero esta vida ¡tan dura!
nunca le dio esa oportunidad.
Por las siestas nos escapábamos
e íbamos los dos a pescar
llenaba mi bolsita con mandarinas
y el con galletas para merendar.
Su canoa se llamaba “Violeta”
en honor a su hija que es mi mamá
remos en mano los dos embarcados
surcando las aguas del Gran Paraná.
También recuerdo de mi abuelo querido
que tenía en su casa un colmenar
en épocas se vestía como un astronauta
y muchas veces me logró asustar.
Sus manos estaban llenas de abejas
en una simbólica y fiel amistad
lo rodeaban danzando al compás del zumbido
pero jamás lo quisieron picar …
Era tan dulce este abuelo mío
casi o mas que la miel del panal
yo me deleitaba mirando sus ojos
cristalinos como las aguas del mar.
Hoy de el, me queda su boina
su bastón y su amada caña de pescar
y yo los conservo cual si fueran trofeos
herencia preciosa, para mí sin igual.
¡ Pareces niña, una luz divina !
me decía sonriente al verme bailar
la jota y muñeiras con mis castañuelas
que me hizo traer de su tierra natal.
Abuelo querido ahora he crecido
pero prendido te voy a llevar
como una joya afiligranada en recuerdos
hasta volvernos un día en el cielo a encontrar.
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